#1558-Sobre los femicidios de Navila Garay, Vanesa Caro, Cecilia Burgadt y Cielo López

Reproducimos la publicación realizada por «No me calmo nada.»
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“Encontraron descuartizada a una chica que buscaban desde el jueves”.
“Identificaron el cuerpo que fue hallado en el río”.
“Conmoción en Plottier: hallaron restos de una joven”.Hallaron restos.Una joven.
No señor, son cuatro. Sólo este fin de semana.
Navila Garay, 15 años, Chascomús: enterrada en una casa de fin de semana. Fue golpeada en la cabeza hasta morir.
Vanesa Caro, 38 años: Prendida fuego por su esposo delante de sus cuatro hijos.
Cecilia Burgadt, 42 años, Santa Fe. Fue a trabajar. Nunca volvió. Asesinada a golpes y maniatada al norte de esa ciudad por su ex pareja.
Cielo López, 18 años, Neuquén: su cuerpo descuartizado fue hallado en una zona de espigales cerca del río Limay.
¿Y ahora?
¿Qué le van a decir a esas mamás?
¿Señora cálmese? ¿Lo sentimos mucho? ¿Está todo en manos de la justicia?
¿Qué manos?
¿Qué justicia?
¿Qué historia van a contar?
¿Qué cuento van a elegir?
Porque cuando asesinaron a Lucía Pérez, por ejemplo, se hartaron de contarnos lo poco que iba al colegio y cuánta droga tomaba.
Y mientras buscábamos a Micaela para encontrarla días después violada y asesinada, los medios hacían foco en el shortcito de leopardo.
En el horario.
En cómo puede ser esa chica sola por la calle, cuando lo que debiera indignarles es que no podamos ni siquiera caminar.
Volver a casa.
Cinco de la mañana ¿qué querés?
QUE ME RESPETEN QUIERO.
Que dejen de pixelar la cara del femicida mientras escarban en mi intimidad después de muerta, como cuervos.
Anahí estaba obsesionada con su profesor.
María Soledad andaba con un tipo más grande.
Alicia Muniz fue tirada por el balcón con la traquea hundida pero “por algo volvía con él”. Pobre campeón, se le fue la mano.
Esta era una puta. Aquella también.
Siempre puta. Siempre culpable.
Siempre con la ropa equivocada, a la hora equivocada, en el lugar equivocado.
Nacimos “equivocadas”, parece.
Y el gran error de nuestras vidas para este mundo patriarcal es es reclamar la vida misma.
Nuestros derechos.
La libertad que no pensamos negociar.
Estamos siendo constantemente atacadas.
En pleno siglo XXI, la policía sigue preguntando a las mujeres qué ropa llevaban puesta al momento de la violación.
Siguen preguntando “¿Pero qué le hiciste?” Mientras chorrean sangre con los huesos rotos, me consta.
Para el Estado argentino, mi vida, hoy, vale menos que la bolsa de consorcio en la que aparezco asesinada.
Así de cruel.
Así de contundente.
Así de injusto.
Indigna el aerosol en las paredes mientras caemos como moscas.
Indignan las mujeres aullando rabia en las calles.
Indigna nuestro enojo.
Nuestro dolor.
Nuestra impotencia.
Pero mi muerte no.
Mi muerte no parece indignar lo suficiente, por eso se cuestiona.
A lo mejor me la busqué, andá a saber.
No señor.
Lo que yo busco es ser libre y no voy a parar hasta encontrarlo.
Hasta que cada mujer deje de necesitar avisar que llegó viva.
Cielo López escribió en su Facebook hace dos años que tenía miedo de caminar por la calle, de ser una menos. “Me da miedo ese hombre que camina cerca nuestro y nos hace poner nerviosas”, decía.
Hoy está muerta.
Yo quiero hacer por ella y por todas lo que quisiera para mí si un día falto yo:
Exijan justicia.
Griten mi nombre.
Acompañen a mi vieja.
No se olviden de mí.
Las pibas que mataste van a volver, te lo juro.
En cada una de nosotras.
Para siempre.